El presidente Donald Trump firmó el 29 de septiembre una orden ejecutiva que obliga a las agencias federales a reemplazar «Artificial Intelligence» por «Super Intelligence» en sus documentos oficiales. Ocurrió pocas horas después de que seis laboratorios de frontera firmaran en la Casa Blanca un acuerdo voluntario de seguridad que no fija ningún calendario de auditorías ni sanción alguna por desatenderlo.
Claves
- La orden indica a las agencias que usen «Super Intelligence» y «SI» en correspondencia, sitios web, informes y documentos de política, y que dejen de emplear «AI». Sin embargo, la Sección 3 mantiene vigente la definición legal existente en 15 U.S.C. 9401(3) hasta que actúe el Congreso.
- Trump firmó el Acuerdo de la Casa Blanca sobre Super Intelligence junto a Sundar Pichai, Dario Amodei, Mark Zuckerberg, Greg Brockman, Elon Musk y Jensen Huang, con lo que Meta, Google, OpenAI, Anthropic, Nvidia y xAI se comprometen a cuatro capas de controles y auditorías.
- El documento, de una sola página, nunca define qué hace que los controles internos sean «robustos» ni establece con qué frecuencia los auditores o evaluadores externos deben revisar los sistemas de cada firmante.
Qué cambia realmente la orden ejecutiva
La parte operativa de la orden trata sobre vocabulario. Las agencias deben usar «Super Intelligence» y «SI» en correspondencia oficial, comunicaciones públicas, sitios web, informes, documentos de política y otro material no estatutario. El texto aclara que no obliga a reescribir reglamentos ya emitidos, acciones presidenciales, contratos, subvenciones ni documentos históricos.
El alcance del nuevo término es, por ahora, idéntico al del anterior. La Sección 3 toma prestada la definición de inteligencia artificial que ya figura en la legislación federal y dispone que rige hasta que la sustituya el Congreso o una acción presidencial posterior. El Asistente del Presidente para Ciencia y Tecnología tiene 60 días para proponer un texto legislativo con una definición federal de SI, incluida una evaluación de si esta debería modificar, ampliar o sustituir el texto legal vigente. La orden tampoco crea ningún derecho exigible frente al gobierno y asigna el costo de su propia publicación a la Oficina de Política Científica y Tecnológica.
Trump había lanzado el término la semana anterior en la Asamblea General de las Naciones Unidas. En el lanzamiento de America.gov, el martes, dijo a la prensa que «super» era la palabra mejor y más simple disponible y afirmó que también le gustaba al presidente chino Xi Jinping, según The Verge. Una ficha informativa de la Casa Blanca presentó el cambio de nombre como el reconocimiento de que los sistemas de frontera hacen algo más que imitar la inteligencia humana.
Las cuatro capas que aceptaron los laboratorios
El acuerdo, subtitulado «Compromiso conjunto sobre responsabilidades de frontera», apenas alcanza unas 300 palabras y se publicó en la cuenta de Truth Social de Trump. Su texto completo pide a cada firmante vigilar las capacidades del modelo y su alineamiento durante el entrenamiento y el despliegue en áreas como ciberseguridad, bioseguridad y amenazas químicas; facultar a un equipo interno para verificar que esos controles funcionan; contratar a un auditor externo independiente; y constituir un comité independiente del consejo que reciba informes de ambos.
Es la arquitectura de la supervisión financiera corporativa trasladada a la seguridad de los modelos: controles, auditoría interna, auditoría externa y comité del consejo. Lo que el documento omite son todas las cifras que lo volverían verificable. Como señaló The Register, no hay frecuencia de inspección, ni umbral de suficiencia, ni árbitro externo. En su lugar, los firmantes se «reunirán con regularidad para establecer estándares y buenas prácticas», es decir, escribirán las reglas con las que se los juzgará. El propio texto admite que «con el tiempo, puede tener sentido codificar estos pasos en leyes o reglamentos».
Trump calificó el acuerdo de moralmente vinculante y describió a la industria como autorregulada. Musk, que habló esa misma tarde, lo resumió como vigilancia conjunta, comités especiales del consejo y, en esencia, corregirse mutuamente la tarea.
Por qué el gobierno prefiere acuerdos a organismos reguladores
El vicepresidente JD Vance aprovechó su intervención para rechazar la idea de un regulador de modelos de frontera al estilo de la FDA o la FAA, con el argumento de que un organismo así tendría dificultades para contratar a personas que entiendan la tecnología tan bien como quienes la construyen. Dijo a los ejecutivos presentes que era preferible que ellos mismos se tomaran en serio los riesgos antes que un régimen regulatorio capaz de empeorar las cosas, y sostuvo que la Comisión Federal de Comercio y el Departamento de Justicia ya tienen autoridad suficiente para perseguir a los desarrolladores cuyos productos dañen a los consumidores, informó Nextgov.
Esa postura se ubica en el extremo opuesto del espectro legislativo actual frente a la ley para prohibir la superinteligencia artificial, presentada seis días antes, que sometería a licencia todos los modelos de frontera mediante un nuevo departamento y expondría a los ejecutivos a penas de 20 años. Los firmantes tampoco llegan al acuerdo desde el mismo punto: Zuckerberg y Huang se han opuesto públicamente a normas vinculantes sobre IA, mientras los demás las han defendido.
Qué observar a continuación
El plazo de 60 días para proponer una definición legal de SI es el primer punto de control firme y el momento en que el cambio de nombre adquiere contenido jurídico o se queda en lo cosmético. La prueba del acuerdo es más estrecha: si ese «reunirse con regularidad» produce un estándar publicado con una periodicidad concreta, o si las cuatro capas siguen siendo una descripción de lo que OpenAI, Anthropic y sus pares ya afirman hacer. OpenAI había archivado GPT-6.1 Astra por no superar su umbral interno de alineamiento, prueba de que las barreras de seguridad gestionadas por las propias empresas pueden detener un lanzamiento, y recordatorio de que el público se entera solo cuando el laboratorio decide hablar.
Preguntas frecuentes
¿La orden ejecutiva prohíbe el término «artificial intelligence»?
No en general. Se aplica a documentos no estatutarios producidos por departamentos y agencias del poder ejecutivo, y no obliga a modificar reglamentos, contratos, subvenciones ni registros históricos ya emitidos. Las leyes aprobadas por el Congreso siguen usando «artificial intelligence», y la propia definición de SI en la orden remite a ese texto legal vigente.
¿El Acuerdo de la Casa Blanca sobre Super Intelligence es jurídicamente vinculante?
No. Es un compromiso voluntario sin mecanismo de aplicación ni sanción prevista. Trump lo describió como moralmente vinculante, no legalmente, y el documento se limita a plantear la posibilidad de que esos pasos se codifiquen en ley más adelante.
¿Qué empresas firmaron el acuerdo?
Meta, Google, OpenAI, Anthropic, Nvidia y xAI. Las firmas correspondieron a Sundar Pichai por Google, Dario Amodei por Anthropic, Mark Zuckerberg por Meta, el presidente de OpenAI Greg Brockman, Elon Musk por xAI y Jensen Huang por Nvidia, además de Trump.






